Errores comunes cuando entrenamos con nuestro perro (II)

Errores comunes cuando entrenamos con nuestro perro (II)

Hoy continuamos con la lista de los errores más comunes. En el último número vimos la falta de planificación y la falta de generalización. (link) Hoy vamos a ver más de éstos errores que nos impiden seguir mejorando.

Sigamos aprendiendo.

“Aleluya!!”

Dijo el humano cuando su perro finalmente hizo lo que le pedía. Anteriormente, vimos cómo se lo ha pedido 8 veces mientras el perro le ignoraba.

Éste fallo, bebe directamente de los que hemos visto con anterioridad. El perro, no ha aprendido correctamente lo que tiene que hacer, tiene demasiadas distracciones o simplemente, no lo hace por que lo que le estamos pidiendo, es algo aburrido y tedioso para él. Tiene cosas a su alrededor, que le parecen infinitamente más atractivas que nosotros pidiéndole que haga algo. En una situación así, cada vez que le pedimos al perro algo y éste nos ignora, provocamos que el progreso de lo que queremos enseñar se estanque. Ignorarnos, se convierte en una nueva solución aprendida para lograr hacer lo que  quiere. Quizás, haga a medias lo que le pedimos para que le dejemos tranquilo y pueda seguir a lo suyo. Si lo consigue, además, recompensaremos un respuesta mal hecha, destruyendo gran parte del trabajo realizado hasta ahora. Hay que salir cuanto antes de esa espiral de “rebeldía”.

Un nuevo comportamiento siempre debe ser algo divertido (todos trabajamos mejor si nos gusta lo que hacemos). Enseñemos sin presionar al perro y sin provocar la frustración en el aprendizaje. Debemos recompensarle por sus logros, no solo con premios, si no también con recompensa social: caricias y cariño. Debemos aprender a gestionar los premios. Cuando asimile el nuevo concepto, hay que ir reduciendo los premios y dárselos solamente a veces. De ésta forma, haya o no premio, el perro no se frustrará y siempre estará expectante y atento para ver si ésta, ha sido la repetición que tenía recompensa.

Hagamos del entrenamiento algo divertido.

Pero sobre todo, debemos tener la certeza de que nuestro perro ha aprendido correctamente el nuevo comportamiento. Si creemos que si, cuando tengamos su atención, se lo pediremos una sola vez, si no responde, nos lo llevamos a un sitio donde hayamos eliminado las posibles distracciones y volveremos a intentarlo. Si sigue sin responder, tenemos que ir hacia atrás y volver a enseñar el comportamiento de nuevo. Generalizando en muchos ambientes y distracciones e intentando hacerlo lo mas divertido posible.

Cuándo terminar una sesión.

A veces, cuando hacemos una sesión, tenemos el problema de que la alargamos demasiado. El aprendizaje de un comportamiento nuevo es, como ya hemos dicho, un proceso que se hace poco a poco. Habrá habilidades que necesiten  muchos días de trabajo y otras, solo de unos pocos. Pero saber cuando parar, es imprescindible para no cansar al perro, evitar que se desinterese y generarle frustración.

No lleguemos nunca aburrir a nuestro perro.

Una sesión de entrenamiento debe darnos, como regla básica, un avance positivo. En cuanto consigamos con el perro el avance que queríamos en el comportamiento, premiaremos, recompensaremos y… acabamos la sesión. Dejemos al perro, que se quede con el sabor de boca del trabajo bien hecho en ésa última repetición. Si continuamos alargando la sesión, es posible, que solo consigamos que el perro pierda el interés en nosotros y se aburra. Varias sesiones diarias cortas, correctamente planificadas y bien hechas, consiguen mejores resultados que una sola sesión de 40 minutos. Y lo más importante, para el perro el entrenamiento siempre será placentero.

Que por regla general, en toda sesión de entrenamiento debamos acabar cuando alcancemos el objetivo que nos marcamos, no significa que, si un día no conseguimos esos resultados, debamos seguir y seguir hasta que lo consigamos. Hay entrenamientos mejores y peores, continuar repitiendo algo, una y otra vez, durante mucho tiempo, solo hará que el perro se canse, pierda motivación e interés. Si ésto se vuelve una costumbre, conseguiremos que nuestro animal odie los entrenamientos. Son tediosos y pesados. Cuando ésto ocurra, debemos intentar encontrar el motivo de que la sesión esté yendo mal y adaptar la meta de la sesión, para acabar de una forma exitosa aun en las peores sesiones. Por ejemplo, si el problema es que el perro está distraído, nuestra meta será conseguir su atención, si el perro está demasiado nervioso debemos premiar su auto control… etc etc.

 

Existen muchos más errores, pero en éstos dos números, he tratado los que con más frecuencia se suelen observar. Espero que os haya servido de ayuda, y que a partir de ahora, ambos disfrutéis de vuestras sesiones de entrenamiento mucho más.