Receta para un cachorro estable (IV)

Nuestro amigo el transportín.

 

No tiene que ser tan malo como parece.

A prácticamente todos los dueños de perro les recomiendo que introduzcan el transportín en la vida de su mascota. La primera reacción de casi todo el mundo cuando les hablo de los transportines es siempre la misma: Pero como voy a encerrar a mi perro!!! Eso es super cruel!!!  Lo entiendo, de verdad que si. La idea de meter a nuestro perro en una “jaula” puede parecer horrible. Y de hecho, si tuviésemos al perro encerrado en una jaula durante todo el día y durante toda su vida, no solo sería horrible, sino cruel y abominable.

Sin embargo, si se usa el transportín como una herramienta más, si se usa con cabeza y de forma moderada, puede representar uno de nuestros mayores aliados en la educación de nuestro cachorro (o perro adulto).

Para empezar, hay que entender que, si se hace bien, ellos no entienden el transportín como algo tan horrible como creemos. Bien enseñado, el transportín será el lugar que nuestro perro podrá considerar como «suyo». Un sitio en el que sentirse seguro y cómodo. Un lugar para descansar y estar tranquilo.

Para nuestro perro será lo equivalente a su guarida. El sitio en el que alimentarse, dormir, sentirse seguro, tranquilo y el lugar que siempre intentará mantener limpio.

 

Escoger el transportín adecuado.

Antes que nada, debemos escoger un transportín adecuado para nuestro perro. Los transportines de plástico suelen proporcionar una sensación de refugio y seguridad mayor a las jaulas de rejas.

Un transportín de plástico proporciona a nuestro perro una zona mas resguardada del ajetreo exterior.

Debe ser lo suficientemente alto como para dejar que nuestro perro se pueda sentar sin tener que agachar su cabeza. Debe ser lo suficientemente profundo como para que se pueda poner de pie sin problemas. Y lo bastante ancho como para que pueda girar en su interior.

Sin embargo hay que tener cuidado, ya que tampoco nos conviene excedernos en el tamaño. Si es demasiado largo o ancho, el perro comenzará a diferenciar las partes del transportín. Asignando una zona para el descanso, sus juguetes, su alimentación, que debe mantener limpia, y otra parte para sus necesidades. Es decir, debe ser lo suficientemente grande para que pueda estar cómodo en él, pero no tan grande como para que pueda pensar que una parte es para hacer sus necesidades.

Por último, es importante aclimatar el transportín para que nuestro cachorro pueda estar a gusto y descansar. Buscaremos una cama que ocupe la mayor parte del suelo. Así facilitaremos que esté cómodo y que entienda que todo su espacio es para el descanso.

 

Introducción del transportín.

Ahora viene el momento en el que nos toca positivizarlo. El primer paso es lograr, que él mismo entre por su propio pie. Con las puertas abiertas y poniendo sus juguetes rellenables en su interior, le invitamos a entrar. Cuando lo haga le premiamos y recompensamos. Queremos que asocie ese lugar como algo bueno y positivo para él, que él mismo quiera entrar dentro.

El día que cerremos las puertas por primera vez, lo mas normal es que cuando quiera salir obtengamos quejas y lloros. Esperabais otra cosa? Es lo mas normal del mundo, al fin y al cabo, puede que le guste entrar. Puede que él solo entre a comer y a jugar. Pero también quiere ir a otros sitios. Es importante que en ése momento no cedamos ante sus lloros y súplicas. Es difícil, nos rompe el alma. Pero si cedemos ante sus lamentos y le dejamos salir, lo único que habrá aprendido es a asociar sus lloros con la atención.

Si lloro, consigo que me hagan caso y que pueda ir donde quiera. Hay que aprovecharlo.

Lo que debemos hacer es esperar a que se calme. No suelen tardar mucho si todo el trabajo previo ha sido correctamente realizado. Y cuando no esté suplicando por nuestra atención y esté calmado, abriremos las puertas. No queremos que piense que va a estar encerrado eternamente. Queremos que piense:

Si lloro no consigo que me abran. Sin embargo, cuando estoy calmado y tranquilo me abren. Hay que aprovecharlo.

La inmensa mayoría de los perros aprenden muy rápido a estar calmados y tranquilos en su sitio. Y gracias al transportín conseguiremos, una herramienta maravillosa que nos ayudará a enseñar muchísimas cosas: A estar tranquilo en casa, a tener una buena conducta higiénica, a jugar y morder lo que queremos y no provocar destrozos en casa, tendrá un lugar en el que viajar fácilmente… y un largo etcétera.